Leticia Ocampos es una joven proveniente de una familia costurera, al igual que en muchos casos, a la hora de buscar su realización, siguió una carrera que parecía su vocación, pero al no conseguir trabajo por su corta edad, falta de experiencia y su peso, las telas, tijeras e hilos, un día las trajeron de vuelta a sus raíces.

“Soy la cuarta generación que mantiene este oficio, desde pequeña transité el taller de mis padres y a partir de los 12 años, les ayudé con las costuras. Siendo muy sincera, nunca me gustó coser, siempre soñé con ser contadora, seguí bachillerato en contabilidad y tras terminar el colegio, comencé a golpear puertas, pero nadie me aceptaba por mi falta de experiencia y por ser gordita, entonces fue ahí que fui a trabajar con un amigo costurero de papá, no pensaba dedicar mi vida a esta profesión, no obstante con el correr del tiempo me enamoré de ella y hoy tengo mi propia marca de bordados», expresa la joven de 24 años.
Dispuesta a seguir aprendiendo más, Leticia Ocampos, comenzó a observar y siendo transportada por el ruido y movimiento de la máquina, su mente fue abriéndose a la idea del negocio propio.
«Con el amigo de papá, aprendí a diseñar y bordar, recuerdo que me pagaba 10.000 guaraníes por día, y aunque no estaba de acuerdo, seguí trabajando un tiempo porque necesitaba aprender. Un día mis padres me propusieron trabajar con ellos, con mucho sacrificio me compraron una máquina y ahí comencé a trabajar de día y noche para cumplir con todos los pedidos», asegura.
Hoy en día, Leticia Ocampos cuenta con su propia clientela, bajo el nombre de G.O Bordados realiza trabajos personalizados en uniformes, termos, toallas y todo tipo de prendas.
“Hace poco con la ayuda de mis padres, quienes son mi soporte, compré 2 máquinas avanzadas para aumentar mi producción e ir innovando mis diseños», concluye.
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